(Publicat a les Edicions Gnurf, de la Garriga, l'abril de 2009)
1.
La verdad es que la vida doméstica en la pequeña ciudad de provincias puede fácilmente resultar insoportable.
El señor Alejandro escribió: Querida Ana, la verdad es que la vida doméstica en nuestra pequeña ciudad de provincias puede fácilmente resultar insoportable. Entiendo tu escapada, y cuando vuelvas hablaremos tranquilamente, a ver como lo arreglamos para que todo sea más llevadero. Entre tanto, no te preocupes por la buganvilla ni por Leonardo ni por mí. A tu regreso nos encontrarás, pletóricos de salud y encantados de tenerte entre nosotros. Te quiere, Alex.
El señor Alejandro cerró el sobre cuidadosamente, se puso la americana, llamó a Leonardo y se dirigieron ambos a la pequeña oficina de correos.
El señor Alejandro no quería aparentar prisa ni urgencia. Leonardo hizo pipí, aquí y allá. Se detuvieron en varias ocasiones, saludando vecinos, oliendo farolas, mirando escaparates inamovibles.
Entregó el sobre a la señorita Judit, oficinista única. El sobre no tenía sello, el sobre no tenía dirección, el sobre no tenía remite, el sobre no tenía más que un nombre sin apellidos.
La señorita Judit no supo muy bien qué hacer. Cogió el sobre. Decidiría más tarde.
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