5.
El señor Alejandro escribió: Ana, el amor es como la
vida misma. Un día, aún niño, llega la primera traición: tu mamá o tu papá
abrazan con pasión a otro niño, sin previo aviso. Y yo qué, te preguntas, que
pasa conmigo. O acaso empiece todo antes
aún, cuando te expulsan con malos modos del cálido vientre después de un
zarandeo contractivo que no sabes a que diablos viene, y es a partir de esta
primera traición que empieza la vida real: una y otra vez cedes y cedes y cedes
porque necesitas vivir, porque necesitas sentirte querido, y pasan los años y
siguen las traiciones y sigues cediendo porque necesitas sobrevivir, porque
necesitas sentirte tolerado y cedes y cedes y cedes. Ana, cederé en todo pero
vuelve pronto.
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